19 may. 2016

Sección deportes Pablo Caferatta, sobre la disputa de los terrenos en el barrio de La Boca "UN DIA LLEGÓ LA REVOLUCION DE LA ALEGRIA A LA BOCA"



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Y después no quieren contar que la violencia de las patotas es un problema que tenemos como sociedad; que somos demasiado pasionales, que esa pasión nos pone violentos, en fin…
Lo cierto es que el día 5 de mayo en el barrio de la boca, una patota identificada, según se dijo, no con el club atlético Boca Juniors, sino con la alianza que hoy gobierna este país, atacó salvajemente a vecinos de la Junta comunal de la comuna 4 causando heridos de gravedad y grandes destrozos.
Vale la pena entonces hacer una reseña de este conflicto habitacional que terminó esta brutal represión.
Resulta que para mitigar el déficit habitacional en el barrio de La Boca, la Comisión Municipal de la Vivienda (CMV) compró entre 1981 y 1986 los terrenos de Casa Amarilla al Estado nacional. Entre esos años y 2005, no solo no se construyó ninguna vivienda, sino que tampoco se lanzó ningún plan (más de 20 años!!!)
El programa original era para construir 1.231 viviendas. Dadas las circunstancias la Asociación Civil Casa Amarilla presentó una demanda al Gobierno porteño, que terminó en un acuerdo: se bajó el proyecto a 438 viviendas, pero se le dio a la asociación la posibilidad de elegir a los beneficiarios. De esta forma, se liberaron una serie de terrenos, pero aún así el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC, ex CMV) casi no avanzó. Apenas se hizo un 10% de lo prometido. Y en 2010 transfirió la titularidad de los 32 mil metros cuadrados que quedaron libres al Ejecutivo que comandaba el actual presidente Mauricio Macri, que a su vez se las cedió a la Corporación Buenos Aires Sur SE.
Los terrenos de Casa Amarilla siempre fueron un objetivo para las sucesivas dirigencias de Boca. Incluso cuando era presidente del club, el propio Macri tentó al entonces jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra, sin el resultado esperado. Ya en 2008 se el club se había presentado con una oferta para construir lo que los vecinos definieron como un "estadio-shopping", pero chocaron con un freno legal y judicial, ya que ahí debían hacerse viviendas.
En 2014, los xeneizes volvieron a la carga, a través del entonces vicepresidente de Boca y diputado porteño Oscar Moscariello, que presentó un proyecto para rezonificar los terrenos y destinarlos al "Estadio y Complejo Deportivo del Club Atlético Boca Juniors".
Pese a que la iniciativa ni siquiera llegó al recinto, el año pasado la Corporación Buenos Aires Sur SE (se acuerdan? A la que Macri les cedió los terrenos?) llamó a una licitación, que con mucha alegría limitó las ofertas a "organizaciones no lucrativas con diez años o más de existencia en la comuna" y con un balance contable que demuestre la capacidad de pagar 180 millones de pesos. Obviamente la finalidad de este llamado era permitir que el único que cumpliera con esas condiciones, Boca, ganara la licitación hace unos meses. De esa manera su comisión directiva aprobó la compra en marzo. El club se comprometió a pagar en los próximos años la friolera de 375 dólares por metro cuadrado.
Mas obvio es todavía que la venta es ilegal por tres motivos. Primero: viola el artículo 82 de la Constitución porteña, que en su artículo 4 dispone que las ventas de terrenos públicos deben ser aprobadas por la Legislatura. Segundo: la Ley 1.251 autoriza al IVC a transferir terrenos al Ejecutivo porteño cuando "resulte necesario para el desarrollo de la función pública". Tercero: en la zona la Ley 2.240 declaró la Emergencia Urbanística y Ambiental, no la aplicó nunca, pero la norma existe.
Así las cosas, y ante la total pasividad de las autoridades del Gobierno de la Ciudad, el miércoles 16 de marzo hubo una asamblea en la sede de los Bomberos Voluntarios, donde más de cien vecinos votaron a favor de un pedido de informes en la Legislatura sobre la venta de terrenos y se comprometieron a solicitar que la Junta Comunal llame de una vez por todas al Consejo Consultivo y convoque a una consulta popular. La Junta Comunal de la Comuna 4 (La Boca, Barracas, Pompeya, Parque Patricios) que no convocaba desde hace dos años al Consejo Consultivo, que es una asamblea mensual de vecinos, la convoca. Finalmente ayer se hizo la asamblea que terminó como todos sabemos, con varios heridos, uno de arma blanca.
Por la violencia hubo acusaciones contra el PRO y Boca, dado que el Gobierno porteño y los dirigentes xeneizes tenían interés en frenar la sesión del Consejo Consultivo de la Comuna 4. Sin embargo, el club se desligó en un comunicado en el que usó cinco párrafos para explicar su proyecto y recién en las últimas líneas condenó la violencia. La nota de prensa ni siquiera menciona el estadio y habla de un "plan de desarrollo y mejoramiento urbano".
Boca es el equipo con más hinchas del país, pero en su estadio entran menos de 50 mil personas. A su vez, a partir de 2019 será obligatorio colocar asientos en todos los estadios, por lo que su capacidad se reducirá a alrededor de 30 mil. Por eso, al margen de la especulación inmobiliaria, hay una necesidad real de construir un estadio, que sería para 80 mil personas sentadas y estaría ubicado, naturalmente, en los terrenos de Casa Amarilla. A la vez, según el proyecto actual, la mítica Bombonera se convertiría en un museo techado.
Sin embargo, no todos los socios están de acuerdo; una porción importante cree que el club perdería parte de su identidad. Pero además, muchos temen que la imposibilidad de afrontar la deuda termine convirtiendo al club en una sociedad anónima, tal como anhelan Macri y Angelici.
En el Fuero Contencioso Administrativo de la Ciudad hay un recurso de amparo impulsado por varios vecinos para frenar la venta. Según denunció el Observatorio del Derecho a la Ciudad, la Corporación Buenos Aires SE pidió prestado el expediente hace dos meses y no lo devolvió. Ayer, el juez Darío Reynoso multó con 100 pesos por día de mora a la corporación y amenazó con llevar la suma a 10 mil pesos.
Mientras tanto las viviendas siguen sin ejecutarse y la prioridad, como siempre, es para los grandes negocios, de las grandes empresas, esto que se dio en llamar “la Revolución de la Alegría”.
Hasta la próxima